Claro y caro era el mundo para él. Claro e insólito el filme con la figura del héroe. Combatiente o artesano, trapecista o estudiante, da lo mismo, y no importa. La primera película inicia a las cuatro veintiocho de la tarde, y los rasgos del niño se transfiguran en héroe, y da lo mismo, y qué importa, bailar a lo Astaire 0 lo Kelly, ser vaquero a lo Wayne, el gran chulo a lo Gassman. Relatos e historias (no lo ignora el niño) se han hecho para él, y en qué forma, y formidablemente, claro. Ríelo y llóralo en el melodrama nacional, extravíalo de frente y de perfil en el perfil italiano de Gina Lollobrigida o en la alba desnudez de Carrol Baker, abúrrelo con Disney o con filmes donde el protagonista es elefante o perro, diviértelo, en fin, del todo, distráelo, en fin -mientras afuera, sobre Revolución, se lee en enormes letras: CINE ERMITA, y el tren eléctrico color pajizo enfila hacia el sur, y llueve, y la larga lluvia de agosto se alarga y cae desde las goteras, y el agua se mezcla en el pavimento oscuro con el lodo o con aceite blando o espeso, y en el asiento trasero del tren eléctrico despierta el niño, se despereza, y mete el dinero en el bolsillo roto del pantalón. 1998
De “Poesía reunida” 1970-1996