Cuando adultos somos un adulto pero con escasas fantasías y escasos sueños.
pero en la madurez sólo enfrentamos nuestra realidad marchita repitiendo para engañarnos la palabra utopía.
de nuestros grandes sueños.
-abuelos o tíos- que aman con más naturalidad a aquellos miembros e hijos de esos miembros que tienen poder y dinero. Los parientes pobres suelen ser pegotes molestos a los que se tolera con dificultad y con quienes se debe simular algún afecto.
y las sombras despedazadas.
si en la juventud construimos castillos de ilusiones y palacios de utopías, ya adultos sólo aspiramos a conservar, desarrollar y recordar lo poco bueno que nos dio la vida. De “Árboles” 2006