…So sahst du sie im flohen Tanze walten Die lieblichste del lieblichsten Gestalten. Goethe, “Elegie von Marienbad”
Tendría mi edad si no fuera por el frío. Era ligera y sus piernas tocaban los dedos al solo tocarla. Al erguirse en el patio de abajo, desde su falda tableada sobre las rodillas, el mundo comenzaba a parecerse a sus piernas y las cinco letras de la palabra mundo se alteraban por las cinco letras de la palabra deseo. ¡Qué cintura, qué música lineal, qué rítmicas las piernas al salir de clases! Callada, era callada como un pasillo negro, y al dejarla dejaba en el corazón algo como una duda, como culpa o niebla. Acabó por dolerme en todo el cuerpo y cada centímetro del cuerpo era de su arco una flecha atravesada. ¿Cuántas veces desde entonces, cuántas, ha atravesado el corazón como una flecha, como una luz que sangra el corazón? Y cuando pasa eso, cuando la flecha cruza, cuando la luz sangrienta cruza el corazón (lo deja en cruz), algo en mí íntimo protesta y grita por una adolescencia sin guía y sin objetivo, por equivocaciones y torpezas del comediante de la obra, quien actuó de un modo explicable en esa edad, pero que al evocarla duele como una pérdida, como un cuento de noche árabe que la vulgaridad rebaja burlándose de, exageración o de invención. Y algo en mí íntimo protesta y grita por algo que debió ser y sólo fue como canción de época, como canción que dice y repite hasta rayar el disco que ésos fueron los días, que ésos fueron. Y sangro y me doblo y me arqueo y la reina permanece y parte, igual al tren de antaño que verifica el recorrido pero no sabemos en dónde ni hacia dónde. De “Poesía reunida” 1970-1996