Como rama al romperse en el invierno blanco, corazón lloró a la estrella; triste era el olmo, y hace muchos años; cuánta fuerza y fiereza en la adolescencia sin dirección, quién se atrevería a decir: “Por aquí pasó el vendaval”; Dios creció las ramas y cortó las hojas para que supiéramos de la felicidad, si la luz pasa. ¡Ah el Danubio! Estrella lloraba el corazón. Ella era agua que sabía a vino; donde llegaba se oía la luz. Era la estrella en el invierno blanco. Era blanca y hermosa como el pueblo donde nació. Ella me queda, me vive en mí, me llama como un remordimiento.
1991 De “Los adioses del forastero” 2002