a Michael Rossner
Se escribe contra toda inocencia del clavel o el lirio, contra el aire inane del jardín, contra palabras que hacen juegos vacíos, contra una estética de vals vienés o parnasianas nubes. Se escribe abriéndose las venas hasta que el grito calla, con llanto ácido que nace de pronto pues imposible nos era contenerlo, con luz dura como rabia azul, quemado el rostro, destrozada el alma, desde una rama frágil al borde del precipicio, Se escribe. De “Los adioses del forastero” 2002