Una carta demasiado tardía

Una carta demasiado tardía

Contudo, esto é urna carta. Carlos Drummond de Andrade Carta

No sé en verdad si esto sea una carta. No sé si disculparme por el retraso de la explicación, ni si te importan disculpa o explicación ¿Para qué hacerlo después de veintisiete años cuando ya una vida se hizo o se deshizo y nosotros sólo soñábamos hacerla? Quizá por eso. Quizá porque contigo yo habría hecho una vida real y no este mundo sin casa que he desecho. Desde hace días o semanas los recuerdos me ciegan como un pozo, y vuelves callada, quieta, inmensamente quieta y luz en el diciembre horizontal y frío, y allí te quedas. A cierta edad los recuerdos se vuelven como las flechas de San Sebastián pero disparadas sólo al corazón. Tenías diecisiete años, edad clarísima de las ventanas, y eras tenue para que los álamos no olvidaran esbeltez ni linaje de luna. Podría decir, con el estilo del melodrama mexicano: “Amaba a otra”, y era cierto, humanamente cierto, pero ahora aquí, queriendo ver desde mi casa las montañas del Ajusco, me digo, me digo que eras la que pudo dar, no el país de maravillas (como tu nombre lo dice), pero sí una vida lúcida, leve, quizá feliz. Eso me hago suponer. Supongo. Creo sentir alivio al escribir estas líneas. Son del todo sinceras pero inútiles, porque lo que fui destruyendo no se puede explicar en un poema. Tampoco me sueño en sueños de entonces, porque ya hace años, cinco o diez, que no tengo sueños. Tampoco me hago ilusiones, aunque lo diga a menudo, sabiendo que engaño 0 me engaño, mientras miro mi cuerpo como reloj que marca las cinco y media de la tarde. Hoy por hoy sólo aspiro a terminar una obra (mala o buena), hacer a los otros algún bien en lo que puedo, y viajar por un mundo que a veces me cansa más de lo que me maravilla. No sé, como te dije, si esto sea una carta. Tal vez no la vayas a leer (lo más probable), y no sé si decir: “Te quise” o “Me equivoqué”, o “Cómo quitarte la begonia”. No sé siquiera, no sé, qué fue del bosque cortado a ras del bosque. No lo sé. Pero te dejo estas líneas: Tómalas, aunque no las leas.

1995

De “Los adioses del forastero” 2002