Qué patas, qué escamas, qué desastre. Rubén Bonifaz Nuño «Albur de amor»
Delgada y tenue como hierba y ola sus ojos de noche guardaban el misterio, ya la verdad creía que todos, por su linda cara, debían aguantarle todo por su linda cara. Creía ser la reina, pedía ser la reina -a veces lo logró entre bastidores-, pero en el teatro o fuera de él sólo admitía cumplidos si lo decidía ella misma. Trasfogaba su cuerpo una tierna dulzura, solía encender la hoguera al llegar la noche, pero al vislumbrar los pretendientes sofocaba el fuego, y apenas si dejaba brasas para el rey más tarde. Bella como luna cortada en ferragosto, bella como luna cortada a media luna, su mirada guardaba misterios e ímpetu excitante y anhelaba un reino más vasto que la noche. Pero la noche más perfecta acaba. Pero en la comedia más perfecta hay de pronto contraluz, desliz palmario, inadvertencia súbita. Una noche azul, una noche de estrellas veraniega, una noche de adiós sin golondrinas -sin frío, sin telón firme, parada la tramoya, el entreacto a ciegas-, un sandio inoportuno, un memo de esos que asiste al espectáculo sólo para aguar fiestas o dárselas de listo, se levantó de la platea, marchó hacia el escenario, y se dirigió a la reina sólo para decirle que ya los pretendientes se habían ido, y el rey era minúsculo. 1997 De “Poesía reunida” 1970-1996