Romance

Romance

Aprended, flores, de mí, lo que va de ayer a hoy…; de amor extremo ayer fui, leve afecto hoy aún no soy. Ayer, de amor poseída y de su aliento inflamada, en los ardores vivía: del fuego me alimentaba. Y, a pesar de la violencia con que sus voraces lamas cuanto se opone a su furia arden, consumen y abrasan, como pábilo encendido, cual cantada salamandra, solamente hallaba vida entre sus ardientes ascuas, y hoy, en tan tibios ardores yace o desfallece el alma, que el frío carbón apenas da señas de que fue brasa. Ayer, los fieros volcanes de amor no solo halagaban el pecho, sino que amante fuera de ellos no se hallaba; y, sin ellos, decadente y exánime, desmayaba y moría, y parecía como el pez fuera del agua. Y hoy, no solo, temeroso y pavoroso, se espanta de la más leve centella que en el aire corre, vaga, sino que el horror y miedo que a la luz la fiera brava tiene imitando, a cualquiera resplandor vuelve la cara. Ayer, por poco, el incendio en que amante me abrasaba vuelve en pavesas el mundo todo, y en humo le exhala; y en una hoguera la hermosa máquina del transformada, por poco vuela en cenizas de mi ardor comunicadas. Y hoy, apenas de que ha habido lumbre dan señas escasas tibios rescoldos: ¡tan muertas yacen ya, y tan apagadas!