Sonámbula

Sonámbula

Pasar cantando así, bajo la noche como yo canto, como un ave ciega que fuera hacia la luz por puro instinto, ¿os puede ser ofensa, compañeros?

Vosotros que vivís al borde mismo del precipicio, que tenéis la casa ya inclinada del lado del vacío, ¿perdonaréis que cante en esta hora?

Yo me inclino también. Pero no temo. Allá en mi densa flora voy dormida encerrada en paisajes de cretona como en reales, sólidas prisiones.

No me digáis que entierre también esto –la sencilla y absurda melodía que me queda– después de darles tierra a tantas hermosuras derruidas.

Mi canto es la primera voz del agua corriendo entre las hierbas y las piedras. No sabe detenerse, no se acaba. Fluye, como yo fluyo en su corriente.

Estoy recuperando del olvido el nombre primitivo de la vida. Canto las cosas y los seres hondos que no poseen voz o la perdieron.

¿Me oís cantar, sonámbula, en la noche todavía rayada por la luna segura, solitaria y aislada con la voz de algún pájaro en desvelo?

Hasta el final he de cantar. Dormida. Yo pasaré afirmándome tan sólo por esta voz que me sostiene y guía, delgada voz de amor fosforescente.

Y hasta en el caos, si es que el caos llega, dejaré en la canción mi señal viva como medida de esto inagotable que en humano llamamos esperanza.

De “Criatura múltiple” 1954.