Se conoce el silencio Por su presencia opaca Por su llenarlo todo con ausencia, Con números escritos en una servilleta Robada en un café. Con nombres, con heridas. Pero no basta conocerlo. No basta hundir la frente en su cintura Ni besar suavemente sus pupilas Ni sus rendidos labios. Vencedor de las sombras el silencio es la vida Y habrá que construirlo con sangre y con derrotas, Cuerpo a cuerpo, Hasta encontrar la puerta del laberinto.