Ya preguntaba por el mundo mío, por la calle sin voz, por el pausado retorno de la noche en el rocío y por el aldabón desmemoriado.
Sorprendían los pájaros del frío la soledad del parque ensimismado y regresaba el nombre del estío puntual como la sangre a mi costado.
¡Oh voluntad de estrella en la bujía! ¡Oh cortejo de llantos vegetales que en el perfil del viento renacía,
cuando al temblar la savia en su retoño, bajo un aire aturdido de panales amaneció la infancia del otoño!