Árbol enamorado

Árbol enamorado

Se llamaba Dolor y era un extraño árbol enamorado sin viscosas resinas de deseos umbríos.

Se llamaba Dolor, Elvira, a veces. Y era el Norte de Dios. Pero sus hojas se desprendían lentas hacia el suelo.

Era un extraño árbol. Sin raíces ni savia. Aladamente arrastraba su tronco carcomido sobre la tierra.

Sobre la tierra que impaciente, despiadadamente, empezaba a girarle por las venas. A gritarle en su giro, raudo y rojo, su ineludible puesto. Allí. En la Nada.