Con tacones altos

Con tacones altos

Y yo llevaba un gorro muy moderno. Parecía una extraña cazuela. Unos tacones leves y muy altos. Un abrigo atrevido. Unos guantes y un bolso de color avellana. Los labios y los ojos pintarrajeados. No debía de ir mal. Las mujeres volvían la cabeza para mirar la hechura del abrigo. Los hombres…

Pero yo, bajo la piel y aquella vestidura de comparsa, llevaba otro ropaje de un tejido muy denso. Era de angustia. Y añoré mi pelo suelto, mis zapatos bajos, mi abrigo deportivo, mi tez morena, solamente el agua.

Tú me veías, Dios. Y cómo hablamos. Yo te decía que estaba muy ridícula con todo aquello. Tú dijiste que sí. Y compartiste el tan amargo leve movimiento de mis labios oblicuos.