Yo te quiero sencilla. Acaso pobre. A veces, vas a brotarme de organdí vestida (sin querer me florece el lenguaje de otros seres). Con amor te desnudo. Quedas como mi carne. Como mi corazón y sus latidos.
A menudo, igual que los pequeños ante una tienda de juguetería, pego la cara a las brillantes lunas donde se venden las palabras bellas. Las admiro. A otros les sientan bien. Si me las colocara… Las aparto al momento porque a mí no me sientan.
Y de nuevo voy cogiendo brazados de palabras entre la hierba fresca y bajo el cielo.
Al este de la ciudad, 1963