A una golondrina que me despertó al romper el alba

A una golondrina que me despertó al romper el alba

¿Qué sabes tú, sedosa y dulce amiga, cuando el albor comienza a ser dorado, qué sabes tú del valladar sombrío y de mi insomnio humano?

Húmedo por la sombra azul, el liquen: cerca del nido, debe estar más claro: pero tu canto lejos se llevaba el Sueño -esquivo pájaro.

No conoces el inquieto párpado, la frente en la almohada casi ardiendo, ni el lecho ennegrecido de tiniebla, tú, entre el alba y el viento. De “Las acacias salvajes” Edicions del Mall 1986 Versión de José Agustín Goytisolo