Traje florido, cara bruna y salvaje: tu perfume campestre del viento y de la estepa invade estas colinas y el caminito fresco y la nube viajera.
Traje de margaritas y de estrellas de mar: en medio de las flores tu piel morena exuda. Claveles de pastor al azar tiemblan en tu pierna desnuda.
Y te fundías, suave, en la paz del paisaje ojos grises de sueños y de gusto a morir; o huías por la senda, en tu reír- ruiseñor triste y tórtola salvaje. De “Las acacias salvajes” Edicions del Mall 1986 Versión de José Agustín Goytisolo