Beatus ille

Beatus ille

No he de callar, por más que con el dedo o con la mano prieta me amordaces. Orgullosa estaré, aunque disfraces los vaivenes certeros donde cedo.

No he de callar, y en tan airoso ruedo, cuando cerques mi orgullo y atenaces mi fuste en altivez, cuando amenaces no rendiré ni almena ni mi credo.

Y pues que en soledad luces mi arcilla y te mantiene el deje de mi lumbre, sigue frotando siempre, no hay mancilla.

No ha de mudar el tiempo tu costumbre de alumbrarme en el gozo, ¡oh maravilla, herida o sima y sin embargo cumbre!