Porque a esta hora tu cuerpo me parece aquel oscuro túnel sin demora que inventaron un día los dedos poderosos del deseo.
Porque he desmantelado el corazón, ese músculo antiguo de cajones dorados y ya nada es tan cierto como saberte altivo tras la lluvia de junio, sonámbulo y hermoso.
Y sin embargo hay noches en que crezco, de puntillas, al filo de la aurora, hasta alcanzarte íntegro, tan detrás de ti mismo, en tu alada distancia.
Con las primeras luces me retiro. Llevo calor ajeno que me desviste el hombro.