He sacado la llave de mi casa. El pulso no muy firme. El latido se me hace más intenso a cada instante. Es la llave de antaño, con que abría una puerta de largos corredores, estancias amplias, con olor a espliego y a retama, al olor de los míos, el puchero bullendo en la cocina. Los gatos del ayer nos han dejado, igual que tantas cosas. Y da un escalofrío recorrer los sillones con los dedos, tan descuidadamente que parece que no estamos aquí. Rezuman las paredes lejanía. Huele a espera. A esa mano que llegue autoritaria y abra los visillos, y limpie los cristales. ¡Que entre otra vez la luz y pueble los salones de gritos y chiquillos! No en vano ésta es mi casa.