Quiero hallarte en el vino y en el vino besarte, donde sé que tu lengua puede apenas herirme. Encender una hoguera con todos los rastrojos de la tierra baldía que nunca sembraremos.
Me gozas en secreto a la luz amarilla de farolas y lunas, en el agua estancada, entre los callejones al abrigo imposible de los gatos de enero. Mientras la cantinela de marinos sin patria nos distrae de la muerte.
Con la noche me ciño blanco velo de novia y salgo a pasear donde los buques llegan. He aquí la loca -dicen- cuando abro mis muslos, cuando aliso mi vientre. Les ofrezco maduros pechos como magnolias. Sin embargo no hay hombre que apaciguarme pueda. ¿Dónde he de hallar el vuelo que remonte mi carne? ¿En qué carne enemiga morder hasta encontrarme?