Delirio del incrédulo

Delirio del incrédulo

Bajo la flor, la rama; sobre la flor, la estrella; bajo la estrella, el viento. ¿Y más allá? Más allá, ¿no recuerdas? , sólo la nada. La nada, óyelo bien, mi alma: duérmete, aduérmete en la nada. [Si pudiera, pero hundirme… ] Ceniza de aquel fuego, oquedad, agua espesa y amarga: el llanto hecho sudor; la sangre que, en su huida, se lleva la palabra. Y la carga vacía de un corazón sin marcha. ¿De verdad es que no hay nada? Hay la nada. Y que no lo recuerdes. [Era tu gloria.] Más allá del recuerdo, en el olvido, escucha en el soplo de tu aliento. Mira en tu pupila misma dentro, en ese fuego que te abrasa, luz y agua. Mas no puedo. Ojos y oídos son ventanas. Perdido entre mí mismo, no puedo buscar nada; no llego hasta la nada.

Roma. Enero, 1950. Hotel d’lnghilterra