mi hija
Algún día, criatura encantadora, para ti seré sólo un recuerdo,
perdido allá, en tus ojos azules, en la lejanía de tu memoria.
Olvidarás mi perfil aguileño, y mi frente entre nubes de humo,
y mi eterna risa que a todos engaña, y una centena de anillos de plata
en mi mano; el altillo-camarote, mis papeles en divino desorden,
Por la desgracia alzados, en el año terrible; tú eras pequeña y yo era joven.
Versión de Severo Sarduy