A veces Henry tuvo algún dinero e invitó a sus-camaradas, de un sexo o de dos, inteligentes o encantadores, o ambas cosas a la vez, los que dijeron, quizás sí, pero como hizo él, vinieron y se fueron, y no llegaron a ser mucho.
Del mismo modo otras veces Henry, se irguió con coraje pagano, en arrebatada pareja, con el huraño amigo que lo acompaña, frente a las -según el mismo Henry, pacatas, gentes de otra generación- Que llenan las formas y se callan de sus asuntos.
A los que proclaman con un gesto augusto, en el éxtasis austero del justo, que “estamos viviendo unos tiempos infames”.