Aquí estuvo sacudida por el manoseo de las habladurías y los despertadores Aquí estuvo demasiado triste en el final Las palmas bajo la nuca y el pelo desparramado agreste como barba de coco mirándolo todo con simpleza y admiración “cómo se ve que tú eres escritor” me dice a mediavoz en la tiniebla de un cuarto con ginebra estéreo y flores de plástico de todos los colores Allí figuraban y no podían faltar claro está Sosa Beny Moré Gardel los clásicos del tango y del bolero y los otros los Mozart y los Beethoven de siempre en fin todo eso que uno no ha aprendido a sentir pero que sí parece lo único verdaderamente pulcro adecuado para evadir la brutalidad de los sucesos Yo estaba lejano triste tratando de animar falazmente la cansada sangre en las venas y ella ancha casi tapando la cama funcionando soberbiamente con lo que se podría llamar su belleza o sea “su verdad” una cosa hecha de calor-poder-y-fuerza un desbordamiento como una yegua blanca con sus patas traseras bien abiertas que se vuelven plateadas y empiezan a brillar en un cabrilleo de luces inestable una rendija de luz en la persiana que sube por sus piernas e impone a su cuerpo una lividez de avena y todo todo perdiendo la certeza y la eternidad como si la luz estuviera de veras inventando una forma nueva ya en la noche se había acabado ella puso su mano en mi cara y dijo “soy una mujer cansada” tan grata su mirada que me sentí ablandado sin luchas quise adelantarme empujar la persiana admitir la franqueza del día la circuntristeza romper el espejismo el sortilegio engañoso “por qué hablas así gatita esas son las cosas que dicen las intelectuales neuróticas” “lo sé pero créeme que hablo completamente en serio” y luego como la cosa más natural del mundo “sé que el error está en mí misma” llama “error” a su vida y me contó de su marido músico maffioso chupando la trompeta como si fuera marihuana hasta la madrugada “no, no es un programa estar sola todas las noches no creas” y continuó hablando y vistiéndose un sostén modelo televisión y un liguero negro y diciendo que “qué barbaridad” y que “qué tontería” como respuesta a una pregunta conocida a una inquisición cifrada “sí creo que así es lo mejor” agrega “no hay complicaciones ni números de teléfonos, ni cartas de amor ni nada” “me gusta la vida libre el cambio” le digo “le tengo un horror sagrado a las posesiones y ahora ya sabes mi nombre y donde vivo para que se empiecen a amarrar los nudos para que todo se empiece a terminar” Y le invento una historia mediocre profundamente provinciana o de la literatura considerada como la coartada perfecta ella no lloró ni se rió miró melancólicamente frente a sí como si hubiera un vacío evidentemente no conocía ni a yago ni a Otelo ni a “Chéspier” y ni siquiera a maupassant y esta ignorancia la conducía hacia la niñez dulcemente “El mundo es así” concluyo como si ya me estuviese yendo lejos de un modo gentil y frío y termino con un instantáneo “la gente”… es la vaga indecisa palabra en la que le he decretado de pronto su fin
Afuera en la tiembla-luz las casas cerradas envueltas en un vapor esmerilado un postigo que se abre como un párpado y que luego se cierra intenta tocar de nuevo su ombligo oloroso sus teticas apretadas forradas bajo un dique de botones y flecos tratando de inventar el gesto la actitud la palabra que diluya en un aire amable casual la tristeza largalargalarga de pozo ciego el encantamiento muerto Pero hay que irse no podemos esperar demasiado se cubrió con los vidrios oscuros alta lejana ya yéndose con su olor ruda-y-sal bajo las axilas del suéter con su carne viva templada bajo la piel con el amor… “Llámame cuando quieras” me dijo a modo de despedida sobre los árboles con hojas de pelusa plateada comenzaba un cielo azul-bandera…