Este hombre no tiene nada qué hacer sabe decir pocas palabras lleva en sus ojos colinas y siestas en la hierba. Va hacia algún lugar con un paquete bajo el brazo en busca de alguien que le diga “Entre Usted” después de haber bebido el polvo y el pito largo de los trenes después de haber mirado en los periódicos la lista de empleos. No desea más que dónde descansar uno por uno sus poros. Hay tanta soledad a bordo de un hombre cuando palpa sus bolsillos o cuenta los pollos asados en los escaparates o en la calle los caballitos que fabrica la lluvia feliz. Y dentro, en la tibieza las bocas sonríen a la medianoche algunos se besan y atesoran deseos otros mastican chicles y juegan con sus llaves crecen los bosques de ídolos y el cazador cobra su mejor pieza.