Me detengo a la orilla de la tarde y busco las palabras olvidadas. Los antiguos colores de la tierra, la huella luminosa de los árboles.
Estás aquí. Sonríes a mi lado bajo la rama azul que se deshace en un pequeño cielo caminante. Otra rama -de oro- está en mi mano.
Hablo contigo como siempre. Cálidas, amorosas, las sílabas desgranan un lento surtidor de agua tranquila sobre el silencio de la piedra blanca.