El duro son de hierro tornaré melodía para cantar tus ojos! -violetas luminosas- la noche de tu negra cabellera y el día de tú sonrisa, pura más que las puras rosas.
Tú vienes con el alba y con la primavera espiritual, con toda la belleza que existe, con el olor de lirio azul de la pradera y con la alondra alegre y con la estrella triste.
La historia de mi alma es la del peregrino que extraviado una noche en un largo camino pidió al cielo una luz… y apareció la luna; pues, estaba de un viejo dolor convaleciente, y llegaste lo mismo que una aurora naciente, en el momento amargo y en la hora oportuna. Del “Libro del amor” 1915 - 1917