Intermezzo

Intermezzo

La seda de tus lánguidas pestañas a proteger tus ojos descendía, ante la encantadora bicromía, de las aristocráticas arañas.

Un solemne mutismo de campañas al Vesper, nuestras almas invadía; y, de súbito, habló la melodía con un dulzor de pastoriles cañas…

Para escucharla, se detuvo el viento… a la maga caricia de su acento, vibró tu carne de escultura, viva;

la noche se durmió en tu cabellera y, besando las lilas de tu ojera, se perfumó una lágrima furtiva… De “Las voces inefables” 1915 - 1916