“La muerte no es quedarme con las manos ancladas como barcos inútiles a mis propias orillas, ni tener en los ojos, tras la sombra del párpado el último paisaje hundiéndose en sí mismo.
La muerte no es sentirme fija en la tierra oscura mientras mueve la noche su gajo de luceros, y mueve el mar profundo las naves y los peces, y el viento mueve estíos, otoños, primaveras. ¡Otra cosa es la muerte! Decir tu nombre una y otra vez en la niebla sin que tornes el rostro a mi rostro, es la muerte. Y estar de ti lejana cuando dices “La tarde vuela sobre las rosas como un ala de oro
La muerte es ir borrando caminos de regreso y llegar con mis lágrimas a un país sin nosotros y es saber qué pregunta mi corazón en vano por tu melancolía.
¡Otra cosa es la muerte!”