Ahora estamos unidos para siempre.
No importa que te hayas marchado, que la puerta no se abra más para esperar tus pasos, ni importa que en las manos que me encuentran no me rocen las tuyas.
Andas conmigo, vas, vienes a mi lado, y miras con mis ojos derramarse en el mar el ocaso. Oyes el viento en la noche cuando pasa estremeciendo las ventanas, Y me sigues constante por la oscura comarca del insomnio.
Revestida de ausencia tu perdida presencia me acompaña.