Bella

Bella

Para descubrir la existencia de los extasiados filones en las móviles profundidades de tu cuerpo mis dedos son varitas mágicas

Insólitas serpientes de la cólera

mis muebles se odian en mi dormitorio y sus grandes batallas inmóviles recuerdan las de nuestras manos las de nuestros labios las de febriles vapores que brotan a medianoche en los puertos las de mansiones que invisiblemente se rajan de alto en bajo cuando los pasos de una mujer demasiado bella resuenan

Ella era hermosa como el día

Belleza es la corona ardiente es el rumor que recorre el árbol del corazón a la corteza por la albura Belleza es el esplendor de una boca que se pliega herida por los remolinos de un lenguaje en excesivo amargo como son todas las lenguas que pretenden decir alguna cosa

Ella era bella como un espejo un deformante espejo donde se miran igualados por la común irrealidad los que son feos y aquellos que poseen una insensata elegancia Los espejos se empañarán cuando sus labios hayan concluido de dar en el espejito del bolso ese precario signo de vida los espejos madurarán porque madura cuanto se empaña

Y en efecto

es la muerte eterna quien -royendo cuerpos y rostros­ otorga a algunos ese encanto inolvidable de las viejas cosas que han perdido el dorado Extremos de cordón roto Troceados corazones Ojos perdidos Cortadas uñas Amo cuanto se deshace maduros frutos que caen a tierra a tiempo de enmascarar su fracaso en la noche Oh inalterable blancura de las tenues aureolas Cuerpos destruidos Marchitos rostros Inseguras estatuas roídas por la lluvia y los hongos No amo sino vuestra forma devastada pareja a cuanto el amor amengua y decolora

Versión de Antonio Martínez Sarrión Visor Madrid 1984