El cuerpo es ser, estar en su arte… en el misterio de los ojos donde perfectos bosques, aguas, aves, hierven la luz dulce del atardecer, viejas maderas se pudren de brillo lunar o de extraña pureza, bálsamo de sombra, salvaje forma vegetal o verde serpiente en fuego acariciando el fondo -¡qué transmigración de exquisita dulzura de veinticinco años!-, tarro oculto de miel tras los sueños, toda una flor terrible pensativa hasta un fulgor, un relámpago, una pasión, en los ojos viven doradamente mariposas brillantes y ternuras de llama de rojo crepúsculo, en el hervor de sedas de violenta caricia, algo malva y constante, un incendio imprevisto roza el ala de un sueño en tus ojos tan súbitos de alegría florida, de fuente estrellada, de almendro o ave, en tus ojos poblados por la antigua belleza de un abismo nocturno, entre destellos, látigos, un delicado almíbar de melocotones de luna, entre ardientes espadas, un anisar claro, un lobo enternecido, estrellas con gemido en tus profundos ojos donde las palabras hierven hasta el amor amado.
De Memorial de brancura, 1985