Ese amor transparente que llevamos en los ojos con tal silencio puro de flor intensa y clara y con esa dulzura vegetal que se sueña en el interior del silencio, inspiraciones continuas de lugares y ángulos con ternura y con carne de poro perfumado, cuerpos de libre paso por el jardín de las albas añadidas al mundo, perspectivas de estrellas levitadas y absortas en miradas brillantes de visibles resplandores, miembros de adolescencia sensitiva que estallan lentamente en ideas de anhelos prolongados hasta un gozo inflamado de sangre en nuestra sangre, elementos tan íntimos del corazón que habla en sílabas blandísimas de emoción que estremece el tiempo que se vive de amor grande y florido,
ese amor transparente que llevamos en los ojos con permanencia suave de viento y luz y sueño de presencias doradas, cabellos ondulados, crepúsculos de seda sobre hombros perfectos de redondez desnuda, elegancia delgada para esas criaturas de paso suave y fino, frentes de íntima luna, deseos como labios
para beber de un cáliz con apurado deleite, brazos de un universo de música armoniosa para abrazar espacios de azul intimidad, dedos interminables de caricias profundas sobre una piel amada con siglos de luces, figuras absolutas en cuerpos pensativos en el territorio inmenso para la feliz blancura avivada en músculo amante y solidario del verso que se estrecha para el amor y la vida,
ese amor transparente que llevamos en los ojos desde el comienzo mismo de la visión que ilumina existencias hermosas, maravillas constantes, sensaciones que se anuncian como tibios destellos cuando es lúcida la carne en los cuerpos liberados por la pasión abierta dentro del espíritu.