Por eso, cuando el vientre sinuoso del alcohol te rodea; cuando las luces de las calles resbalan por tus ojos como extrañas bocas planetarias; cuando -con los puños ardientes- preguntas por el pasado que escupe tus entrañas, tú escuchas, bajo el eterno y solitario corazón de la noche, el respirar, la angustia, las historias anónimas de millares de cuerpos ya desvanecidos bajo embelesos negros, y el incansable sueño del tiempo que hunde sus cinturas heladas.