Mira la tarde, mira qué canción multicolor: las mobylettes felices como estrellas fugaces, quinceañeras azules con bermudas y suspensos, gaviotas acariciando el tiempo, la playa allá como una bienvenida… ¿Cuánto le habrá costado al Universo, cuántos siglos, abrazos, guerras… este momento? Apiádate. No sueltes en medio de esta hora el paquidermo mustio de tu filosofía.
De “Es cielo y es azul”
Carta
A ti, que serás siempre La Ignorada, a ti, qúe llegaste a quién sabe qué lugar cuando yo acababa, ay, de salir de él, o perdiste aquel tren, no sé cuál, que te hubiera traído al centro de mi vida, o estabas en un banco de algún parque un día que yo no quise pasear entre las hojas verlenianas, a ti, por la chacarera de tu mirada que nunca he visto, por ese corazón que desconozco y es como una playa de setiembre, a ti, por todo lo que me habría obligado a amarte, a ti, que me habrías amado hasta nunca, que ahora puedes estar llorando en la luz fría de una habitación de hotel, o con tus hijos en el British Museum, o ves el arco iris en una telaraña, o piensas en mí sin saber que soy yo, a ti, retrospectiva, condicional, perdida, dondequiera que estés, este poema.
De “Curso superior de ignorancia”