Principio para un poema autobiográfico prologal

Principio para un poema autobiográfico prologal

Yo soy aquel que ayer no más (si ayer puede significar «hace dieciocho años») cantaba del amor y del olvido. O, para ser exacto, de no sé qué campanas que oía algunas tardes no sé dónde -pero sin duda alguna allá por el ensueño- por motivos, supongo, de endocrinología (veintimuypocos años, y con Saturno encima llenándome y llenándome, sigiloso e imparable como esos camareros de restaurante bien, mi copa de tenaz melancolía, y, completando el cuadro -clínico, lo repito-, alguna que otra tierna compañera de apuntes con, por ejemplo, una manera angélica de pronunciar together en primero de inglés o un pañuelo estampado con momentos de hipódromo -consúltese el poema, que entonces me encantaba, «Agora qu’inda é tempo de cireixas»-), y también de esa atmósfera pura, cálida, azul, paradisíaca … y, la verdad, notablemente apócrifa que los críticos llaman «recuerdo de la infancia» y más o menos sirve de escondrijo -porque algo hay que buscarse- cuando desde muy dentro nos acosan como perros furiosos ciertas cosas que mire usted por dónde no son sino las negras consecuencias de lo que fue realmente nuestra infancia.