Tu rostro, que aparece -un relámpago- y que desaparece. Muero buscando entre palabras apagadas un ascua de verdad que ilumine un instante ese rostro. Haberlo casi visto -un reflejo en el río- y vivir solamente para volver a verlo. Que aparece -un relámpago- y que desaparece. Qué dolor y qué gozo este mover palabras, materia que se cierra con espesor de piedra sobre Tu luminosa permanencia, o que logra un destello, o siquiera nos permite ese leve temblor de Tu inminencia bajo la piel de un verso. Es esto la poesía: buscar en las palabras, con las palabras, contra las palabras Tu rostro, que aparece -un relámpago- y que desaparece.
De “Curso superior de ignorancia”