Variación sobre una variación de Juan Garzón

Variación sobre una variación de Juan Garzón

Ojos claros, serenos, si de un dulce mirar sois alabados es porque hubo una mano que, ardiente en la penumbra de una tarde perdida, dispuso con extraño poder unas palabras.

El tiempo, como el viento de octubre los prospectos, arrastra hacia el ayer las tardes y los años, los amores y los enamorados: polvo que se adelgaza, y luego nada. Pero su fuerza nada pudo contra aquellas sílabas de diamante, en las que siguen refulgiendo, claros, serenos, unos ojos que acaso no existieron más que en sueños pero que al otro extremo de los siglos aún de un dulce mirar son alabados.