Tanto cuanto el amor convida y llama al alma con sus gustos de apariencia, tanto más huye su mortal dolencia quien sabe el nombre que le da la fama.
Y el pecho opuesto a su amorosa llama, armado de una honesta resistencia, poco puede empecerle su inclemencia, poco su fuego y su rigor le inflama.
Segura está, quien nunca fue querida ni supo querer bien, de aquella lengua que en su deshonra se adelgaza y lima;
mas si el querer y el no querer da mengua, ¿en qué ejercicios pasará la vida la que más que al vivir la honra estima?