No ha menester el que tus hechos canta, ¡oh gran marqués!, el artificio humano, que a la más sutil pluma y docta mano ellos le ofrecen al que al orbe espanta;
y éste que sobre el cielo se levanta, llevado de tu nombre soberano, a par del griego y escritor toscano, sus sienes ciñe con la verde planta;
y fue muy justa prevención del cielo que a un tiempo ejercitases tú la espada y él su prudente y verdadera pluma,
porque, rompiendo de la invidia el velo, tu fama, en sus escritos dilatada, ni olvido o tiempo o muerte la consuma.