Oración

Oración

A Ti me vuelvo, gran Señor, que alzaste, a costa de tu sangre y de tu vida, la mísera de Adán primer caída y adonde él nos perdió, Tú nos cobraste.

A Ti, Pastor bendito, que buscaste de las cien ovejuelas, la perdida y hallándola del lobo perseguida, sobre tus hombros santos te la echaste.

A Ti me vuelvo en mi aflicción amarga y a Ti toca, Señor, el darme ayuda, que soy cordera de tu aprisco ausente

y temo que a carrera corta o larga, cuando a mi daño tu favor no acuda me ha de alcanzar esta infernal serpiente.

¿Quién menoscaba mis bienes? ¡Desdenes! ¿Y quién aumenta mis duelos? ¡Los celos! ¿Y quién prueba mi paciencia? ¡Ausencia! De ese modo en mi dolencia ningún remedio me alcanza, pues me matan las esperanzas, desdenes, celos y ausencia. ¿Quién me causa este dolor? ¡Amor! ¿Y quién mi gloria repugna? ¡Fortuna! ¿Y quién consiente mi duelo? ¡El cielo! De ese modo yo recelo morir deste mal extraño, pues se aúnan en mi daño amor, fortuna y el cielo. ¿Quién mejorará mi suerte? ¡La muerte! Y el bien de amor, ¿quién le alcanza? ¡Mudanza! Y sus males, ¿quién los cura? ¡Locura! De ese modo no es cordura querer curar la pasión, cuando los remedios son muerte, mudanza y locura.