Besarse, mujer, al sol, es besarnos e toda la vida.
Ascienden los labios eléctricamente vibrantes los rayos, con todo el fulgor de un sol entre cuatro.
Besarse a la luna, mujer, es besarnos en toda la muerte.
Descienden los labios con toda la luna pidiendo su ocaso, gastada y helada y en cuatro pedazos.