Pirotécnicos pórticos de azahares, que glorificarán los ruy-señores pronto con sus noctámbulos ardores, conciertan los amargos limonares.
Entusiasman los aires de cantares fervorosos y alados contramores, y el giratorio mundo va a mayores por arboledas, campos y lugares.
La sangre está llegando a su apogeo en torno a las criaturas, como palma de ansia y de garganta inagotable.
¡Oh, primavera verde de deseo, qué martirio tu vista dulce y alma para quien anda solo y miserable!
Ya se desembaraza y se desmembra el angélico lirio de la cumbre, y al desembarazarse da un relumbre que de un puro relámpago me siembra.
Es el tiempo del macho y de la hembra, y una necesidad, no una costumbre, besar, amar en medio de esta lumbre que el destino decide de la siembra.
Toda la creación busca pareja: se persiguen los picos y los huesos, hacen la vida par todas las cosas.
En una soledad impar que aqueja, yo entre esquilas sonantes como besos y corderas atentas como esposas.
De “Imagen de tu huella” 1934