Tus ojos se me van de mis ojos y vuelven después de recorrer un páramo de ausentes.
Tu boca se me marcha de mi boca y regresa con varios besos muertos que aún baten, que aún quisieran.
Tus brazos se desploman en mis brazos y ascienden retrocediendo ante esa desolación que sientes.
De “Cancionero y romancero de ausencias” 1941 1942