Antepasados huéspedes

Antepasados huéspedes

Todos los caminos han conducido a mí. El idilio de las abuelas y las lluvias sobre los estanques en las lejanas mañanas perezosas. Las indiferentes ruecas de pasadas primaveras marchitas y el viento entre colinas golpeando el atardecer. Las anchas fauces olvidadas exhaustas ya de tierra madre desorbitadas total exangües de silencio y espera. Aquel que preguntó el otro que no fue bien amado ese que rudamente habló a Dios y todos estos que en legión más cercana y antigua sorbieron la humilde gota misteriosa que nos es ofrecida por incumplidos cauces de promesa y de sangre. Estáis allí atónitos huéspedes de cada primavera en desvanecimiento convertidos ya absorbidos en el puro eco sin respuesta de mis manos contemplando el mundo y los enamorados de abril. ¡Ah hermanos… hermanos míos en la muerte…! Sagrados emigrantes hacia la orilla de los Cielos sobre mi corazón resbaláis hondamente como los ciervos moribundos al caer en la nieve. Millones de días como éste sin sentido reposan en ceniza y mis sueños sonríen quedamente deslizados por vuestros ríos secos. Los pinceles del sol han esponjado tierra y de vuestra savia una sabiduría extraña su zumo ha cimentado para nuevas mañanas con cuello de muchacha y flores de gacela. Habéis conducido a mí… mas yo soy el que canta yo sólo… sí… yo sólo… que contengo un otoño bajo mis suelas rotas de vagabundo dios de las bodegas. Han desaparecido las nubes y diviso las primeras estrellas de los rojos equinoccios de marzo.

De “Punto y aparte” (pag. 42) Editorial Ciencia nueva 1967