Asesinados jóvenes nacimos cierta vez insistiendo sobre los guardagujas de los lagos los vestigios de turbas de viejos profesores sin voz y que hasta nosotros llegaban hablándonos de la nada que rodea a los tranvías azules.
Asesinados jóvenes caminamos por las calles entramos en los cines y en los bares incendiamos los rostros con ceniza y con sombra y mientras dragones ciegos surgen de las bocas húmedas de los metros anhelando asaltar los cables telegráficos nosotros sorprendidos vampiros auscultamos el corazón de las tiernas existentes.
Asesinados jóvenes ansiamos perdernos en el naufragio que cubre las aceras y los parques de futbolistas ahogados en la sangre de los besos y desnudos marchando al bronce nocturno de las playas desiertas con ojos de caballos robados por sonrisa acuciar el sentido total de los planetas sobre las ropas usadas ;~ de hambrientos transeúntes con reuma.
Asesinados jóvenes no amamos el gesto de hastío del domingo ni comprendemos el súbito crecer de las lecciones bajo la trampa prodigiosa de la hierba y así atónitos salvajes de vaticinios intentamos aprender lo que hay de purísimo en la faz con presagios de las charcas podridas.
En la esquina de enfrente un hermoso niño miserable medita sobre el final que tendrán las inmensas ciudades cuando las aguas cubran sus horrendos campanarios de zinc. De “Punto y aparte” (pag. 33) Editorial Ciencia nueva 1967