Matinal

Matinal

Cuando los besos saben a mojadas pálidas de ojos oscuros de pájaro enlazado con nacimientos de montañas tras el duro trance que agoniza en las escafandras de barro de las sumisas embarazadas sin nariz.


Cuando entre cristales descuajados rompecabezas de cuadrumanos henchidos de infancias terminales surge Osiris el profesor estelar abriendo de par en par los costados de los jóvenes alumnos de la madrugada cortando con navajas de afeitar los dulces párpados cerrados caminantes sin tregua por sollozos de los niños de pecho.


Cuando en las ventanas de las casas los sueños incestuosos dejan paso a las modestas sustracciones de los sueldos y el diluvio de las duchas quema los secretos homicidas de los desayunantes mientras los indefensos ascensores inician su agobiante jornada de puñetazos y periódicos entre aullidos roncos de la tenue hierba alzada de las alambradas de la noche y corruptas mariposas sin piedad arrastran por los asfaltos fosforescentes las miradas confusas de los homosexuales.


Cuando las mujeres se trasladan sin horror a la máscara audaz de los espejos esperando juzgar la calavera por su rictus y el hombre es un pánico abstracto que busca entre muchedumbre de ojeras el puro cumplimiento ya marchito de arcanas profecías desterradas en la fiebre de armonía que en el corazón de las ateas hormigas yace vinculado con el mágico rumor de las charcas podridas donde serán hermosas ciudades aun sin nombre.


Entonces hermano mío un nuevo día otro día se posa sobre el mundo y en el eje imaginario del mundo los muertos cantan su maravilla perecedera.

De “Punto y aparte” (pag. 37) Editorial Ciencia nueva 1967