Puesto que el joven azul de la montaña ha muerto es preciso partir. Antes de ser golosamente asesinados en los crepúsculos de la gran ciudad. Antes de que las muchedumbres tristes de los metros invadan el templo del Sol definitivamente seducidas por las noches de los trenes es preciso marchar. Desnudos y ásperos. Inigualables. Y al partir preguntar por nosotros indagar por nosotros auscultar por nosotros por nosotros mismos recordar si tal vez se existió y que una dulce soledad nos responda en grave despedida. De “Punto y aparte” (pag. 21) Editorial Ciencia nueva 1967