El aire ya no es aire, sino aliento; el agua ya no es agua, sino espejo, porque el agua es apenas tu reflejo y ruta de tu voz es sólo el viento.
Ya mi verso no es verso, sino acento; ya mi andar no es andar, sino cortejo, porque vuelvo hacia ti cuando te dejo y es sombra de tu luz mi pensamiento.
Ya la herida es floral deshojadura y la muerte es fluencia de ternura que a ti me liga con perpetuos lazos:
tornóse en rosa espléndida la herida y ya no es muerte, sino dulce vida, la muerte que me das entre tus brazos.