La donna se ben fa come la luna e sempre quella sia bruna sia bianca. D’ Annunzio
Así dijo en la noche, desolado, el viajero: vengo de las diversas comarcas del amor; crucé por muchas almas y en todas fui extranjero; de todas salí siempre con fatiga y dolor.
Vi en los ojos más claros un mirar traicionero, y en las bocas más frescas hallé el mismo sabor; no hubo brazos capaces de hacerme prisionero, ni carnes que temblaran con un nuevo temblor.
De una mujer en otra fui pasando y en cada una dejé una parte de mi vida inmolada… Ya no tengo que darles ni espero que me den. Sólo con los amores que he soñado me quedo, y con el tuyo ¡oh muerte! aunque me causa miedo que tus labios destilen sólo tedio también.